“Diabole virtus in lumbas est”
“Diabole virtus in lumbas est”
abr 18Si por un casual te preguntaran por que has comprado esos pantalones, cuál es el motivo de escuchar un grupo musical o que te ha impulsado a engrosar una manifestación, tu respuesta, como la de cualquier otro en tal caso podría resumirse en un “porque me gusta” o directamente un altanero “porque quiero”. Sin embargo ¿y si no fuese así? o mejor dicho ¿y si no fuese tan sencillo?
Pese a no ser muy conocido Edward Louis Bernays es probablemente uno de los hombres mas influyentes del siglo XX. Este estadounidense de origen austriaco y sobrino de inclito Sigmund Freud fue el padre de las Relaciones Publicas tal y como las conocemos hoy día. Utilizando como herramienta las teorías de su tío, Bernays apeló a la irracionalidad humana para vender productos, ideas o favorecer la imagen pública de importantes personalidades como la de varios presidentes de Estados Unidos, Coolidge, Wilson, Hoover y Eisenhower.
Intuitivo, calculador, manipulador y dotado de cierto afán por regodearse en la estupidez humana, Bernays ha sido responsable de numerosos momentos históricos que hoy día son materia obligada para cualquier estudiante de publicidad. Uno de ellos tuvo a la American Tobacco Company como gran beneficiaria. Con la intención de aumentar sus ventas, la industria tabacalera norteamericana contrato el talento de Bernays y este no les defraudo. En aquella época fumar estaba considerado como un habito eminentemente masculino, no era correcto que una mujer fumase en publico y por tanto se habría convertido, sin saberlo, en un objeto para el consumo que Bernays supo explotar. Así pues, en 1929 y aprovechando el Desfile de Pascua en el Nueva York de aquel año, el familiar aventajado de Freud dispuso su escenario; contrato un grupo de mujeres debutantes en aquel evento para que en el momento oportuno fumasen de manera ostentosa y provocativa, como si de acto rebelde contra la sociedad machista imperante se tratara. Aquellas mujeres fueron convenientemente fotografiadas y Bernays titulo su “performance” como “antorchas de la libertad” vinculando tabaco con derechos, igualdad y libertad. El escándalo surtió efecto en los medios de comunicación y por fin la industria tabaquera, al auspicio de ideales puntualmente manipulados, consiguió que miles de mujeres se convirtieran en potenciales clientes.
En la actualidad, con la información que recibimos constantemente, ¿quien puede asegurar que las decisiones son absolutamente propias? Muy pocos reconocerán, ante los ojos del resto, que una compra, un voto o una simple idea no tienen influencia externa y de tenerla es mínima, pues seria la propia conciencia quien aceptara o negara todo ello como verdades o mentiras. Sin embargo aquellas mujeres norteamericanas de finales de los 30, que orgullosamente encendían sus pitillos convencidas de ejercer su libertad en contra de una sociedad opresora ¿tuvieron en cuenta el interés que acabo con el cigarrillo de la fabrica directamente a su boca? Hoy por hoy nos podría parecer un gesto infantil, predecible en una sociedad poco acostumbrada a los estímulos publicitarios, lo cual seria irónico, pues dentro de 50 años numerosos de nuestros actos, comportamientos, hábitos o decisiones bien pudieran ser tomados como absurdos en mentes versadas en propaganda aun mas sutil y refinada.
Las antorchas de la libertad fueron una argucia de Bernays, un truco publicitario que en ultima instancia consiguió aumentar las ventas de tabaco, pero ante todo fue una demostración de lo fácilmente manipulables que somos en sociedad y de como apelando a nuestros instintos, impulsos y emociones podemos llevar a efecto planteamientos irracionales con un fenomenal barniz de lógica y clarividencia.
En definitiva esa es la virtud del diablo, la astucia. La astucia de hacer creer que en la vida tu eres amo y señor de tus pensamientos.