Michael Crichton, muerte y recuerdos

Michael Crichton, muerte y recuerdos

dic 18

Desde hace un par de años prácticamente no veo la televisión, y aunque suelo leer las noticias gracias al RSS, no estoy tan “conectado” a los medios de comunicación como hace algunos años. Tiene delito en mi caso, debo admitirlo y mas cuando gracias a Internet tenemos, aparte de la televisión o la radio, un medio para obtener información con mayor inmediatez si cabe respecto a los citados medios, es decir, Internet.

He tardado unos cinco días en enterarme de la muerte de Michael Crichton, el famoso autor de “Parque Jurasico” lo cual denota mis grandes habilidades como sabueso de la información. Sin embargo, no escribo sobre la muerte de Crichton porque sea mi autor preferido o sienta un enorme vacío por su desaparición; escribo mas bien porque la noticia me recuerda mi niñez.

Todavía iba al colegio cuando se estreno la película “Parque Jurasico”. Recuerdo como el día del estreno, en el único multicine que existía en Móstoles por aquel entonces, uno podía vislumbrar desde lo lejos una enorme riada de gente esperando conseguir una maldita entrada. Llovía y hacia frío pero daba lo mismo, era la típica situación donde cualquier persona con dos dedos de frente intuye como, tras meses de promoción del libro, meses de promoción del rodaje Steven Spilberg, ahí es nada, y meses de promoción de la propia película lo mínimo que podía ocurrir era aquello.

Por un momento pensé que no vería la película pero al final entre en el cine, me senté en la butaca y pude asistir a un gran espectáculo audiovisual. Una primera oportunidad para el espectador de contemplar efectos digitales de gran realismo generados por ordenador. Recuerdo con cariño y cierta ingenuidad la emoción de ver un tipo u otro de dinosaurio en movimiento, como si fuesen cromos. Uno a uno iban apareciendo en la gran pantalla y querías completar la colección con tus ojos. Querías ver todos tus dinosaurios favoritos. Ni uno solo podía faltar.

Ha pasado mucho tiempo desde aquello y con el, la manera de percibir o sentir el mundo. Los dinosaurios estaban bien si, pero a día de hoy yo no rescataría la imagen del Tiranosaurio Rex persiguiendo el 4×4 de Jurassic Park, ni siquiera de los Velociraptores mostrando tanta inteligencia como brutalidad. Me quedo con la idea de la historia, lo verdaderamente llamativo de todo aquel espectáculo multimillonario; la fantasía de extraer ADN de mosquitos fosilizados hace millones de años.

Me parecía fascinante aquel concepto. Hoy día nos parecería de lo mas normal, en un contexto narrativo donde se ha resucitado a Cristo con la sangre de la Sabana Santa o nos hemos clonado para obtener órganos ¿pero en los 90? Era una autentica novedad, vaya si lo era. Aunque a mi me fascinaba mucho mas, no el acto de extraer ADN, sino la posibilidad en si misma. El poder “fosilizante” del ámbar, capaz de capturar un breve instante del tiempo hace millones de años y conservarlo intacto mientras los grandes reptiles desaparecían, el hombre evolucionaba, se construían las pirámides de Egipto o Napoleón conquistaba Europa.

Muy curiosa esta resina fosilizada de aspecto cristalino. Si nuestros recuerdos estuvieran hechos de ese material yo seguiría recordando Parque Jurasico con el asombro infantil que me causaban los dinosaurios recreados por ordenador; por el contrario mi recuerdo ha variado a lo largo de los años, quedando en mi memoria, con mayor insistencia, la idea misma de la novela.

Lastima que no podamos conservar nuestros recuerdos inalterados a nuestra propia mente como pequeños fragmentos de ámbar neuronales.

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