Refinada monstruosidad

Refinada monstruosidad

ene 31

El pasado 21 de Agosto de 2008 tuvimos la desgracia de presenciar el grave accidente del vuelvo JK 5022 de Spanair, con ruta Madrid-Las Palmas, en el aeropuerto de Barajas.

Tras el bombardeo mediático, las muestras de dolor oficiales y los especiales televisivos hemos perdido el rastro de la noticia. Ya no recordamos el goteo de familiares que viajaban a Madrid para recibir las malas nuevas o las caras desencajadas por el dolor, retransmitidas incluso en tiempo real.

Como suele ser habitual en estos casos, el drama paso de moda y como si de un juguete roto se tratara nos olvidamos no ya del acontecimiento en si, sino mas bien de sus protagonistas. El voraz apetito de la actualidad una vez mas entro en escena, como elefante en cacharrería.

Mas allá de alegatos contra el olvido mediático hubo un “nuevo” protagonista en el drama. No tanto por original, al estar siempre presente en estos casos, pero si destacable gracias a Manuel Temboury. Son los agentes de las aseguradoras.

Temboury, abogado afincado en Málaga y especialista en accidentes aéreos, declaro días después del accidente “las aseguradoras son sus mayores enemigos” aconsejado encarecidamente a los familiares del Binter que no se pusieran en manos de estas entidades. Tembory se refería a como las aseguradoras operan en estos casos, tratando de evitar procesos judiciales costosos y de como sus agentes se encargan de ello a través de una cordialidad, afinidad o comprensión totalmente fingidas.

De eso se trata, obtener ventaja observando y utilizando emociones ajenas en momentos críticos. ¿Quien puede rechazar una mano tendida que intenta comprenderte o ayudarte en la mayor tragedia de tu vida? Seria inhumano fingir cercanía, aparentar amistad o unas palabras de consuelo como “todo va a salir bien” o “usted no se preocupe por nada”. Sin embargo, para ejercer esta profesión es necesaria la mascara; esa frialdad que te permite acechar a la presa desde la distancia, acercándote a ella en el momento oportuno, logrando así el objetivo, una bonita cifra de ceros ahorrada a una empresa de seguros.

No se trata de un crimen cometido por un asesino en serie. No hay escena del crimen, ni salpicaduras de sangre en una habitación mientras un forense realiza las fotografías pertinentes. Esto es distinto. Un acto calculado, cruelmente aceptado en sociedad, donde victima y verdugo escenifican una danza de intereses, cuyas repercusiones bien podrían causar espanto convenientemente desmenuzadas en un documental de la BBC.

¿Como se puede llegar al punto de no sentir empatía por alguien o emplearla de acuerdo a un interés empresarial? ¿Que sienten estas mismas personas a sabiendas de su propia mascarada? Lo cierto es que esto ocurre todos los días y no son necesarios accidentes multitudinarios para asistir a estos pequeños actos de sociópatas bien vestidos, cuando no premiados con algún tipo de prebenda económica. Monstruosidad destilada en esencia, preparada en pequeñas soportables dosis y lista para perfumar eventos donde presentar balances de beneficios.

Aunque bien mirado, quien puede tirar la primera piedra del juicio moral, cuando todos los días somos capaces de mentir en detrimento de otros para nuestro propio beneficio.

468 ad

Leave a Reply