Sin Internet
Sin Internet
jul 24No somos verdaderamente conscientes de las repercusiones que la tecnología tiene en nuestras vidas, hasta que por circunstancias dejamos de utilizarla.
Hace aproximadamente 15 años disponer de teléfono móvil era poco menos que una rareza propia de pijos, snobs y tecno-frikis. De hecho, ¿para que servia un móvil?
Por aquel entonces el desarrollo de la tecnología móvil estaba en pañales y tanto empresas como particulares debían solventar los problemas, inherentes a sus actividades, con los medios disponibles. Los primeros terminales, con aspecto ladrillesco, no eran mas que juguetes para enviar mensajitos y de vez en cuando gastarse sendas recargas en dos llamadas de 5 minutos.
A día de hoy, aunque sigan siendo juguetes de comunicación tamben se han convertido en elementos indispensables. Ninguna empresa que se precie de ser tal podría obviar la tecnología móvil, así como el uso de Internet. Y aunque evidentemente la agilización de los procesos, papeleo o inmediatez comunicativa entre otros, ha sido una revolución, las consecuencias de este busco y silencioso aun hoy son imprevisibles.
Aquí me encuentro en un bar de diseño, con nombre cítrico, tratando de conectarme para actualizar mi blog ante la parsimonia, cuando no pasividad, de los camareros. Desde el viernes 20 de Julio no he sido capaz de conectarme a Internet con normalidad, no por voluntad, sino por imposibilidad. He preguntado, me he quebrado la cabeza tratando de utilizar mi teléfono móvil como módem y el resultado ha sido nulo. Es ahí cuando aparece, como un furtivo mirón que descubres observándote desde una ventana, hablo de la impotencia. La impotencia por una necesidad que antes no tenias.
No me había dado cuenta de mi dependencia a Internet hasta que no he podido conectarme. Y esto, como cualquier otra adicción de nuevo cuño resulta tan imprevisible como aterradora. Echando la vista atrás, recuerdo mi vida sin Internet con cierta vaguedad, como si cualquier recuerdo o vivencia estuviese amparado por un velo de conectividad en el que desenchufar ya es una utopía. ¿Hasta que punto el acceso constante a la información puede cambiar nuestra perspectiva?
En cualquier caso tiene cierto encanto escribir estas líneas desde una mesita, a 20 metros de la playa y con una bebida fría a tiro de mano.
Adaptarse o morir, como decían los sabios.